CHILE 1 + CHILE 2 = CHILE

Estamos en un país “común”, de variadas dimensiones pero con tintes especiales, en donde todos asentimos a lo que dice el resto por miedo a esto o a aquello y donde el chileno perseguido comienza a elucubrar, por ejemplo, en una encuesta cuál es la respuesta que más le convendría y que no lo perjudicaría en ninguna circunstancia. Esta situación es normal en nuestra sociedad, pero lo ignoramos, es más, pasa a un estado donde se convierte en normal. Este asunto genera que obviemos nuestra verdadera percepción de la realidad –Ej.: somos el décimo país más desigual del mundo, según Casen.

Hace poco observé un video en un blog que trataba sobre la discriminación en Chile. En él muestran a un actor disfrazado de turista “gringo” paseando por la moneda y por fuera de la embajada del “país del norte” sin problemas, e incluso se le acerca a hablar amablemente un carabinero y le pregunta sobre la memoria de su cámara. La contraparte del experimento es cuando este mismo actor se pone una manta y un cintillo originarios mapuches, aquí el asunto es totalmente diferente, enseguida lo corren de ambos lugares. La escena descrita anteriormente puede sonar para nosotros como algo lejano o desconocido, ya que somos los jaguares más solidarios de Sudamérica, pero nuevamente nos acercamos a esa realidad nuestra, la que atiende al hermano extranjero de manera servicial, pero que esconde bajo la mesa al propio.

Una solución podría surgir del discurso de la unidad nacional, pero no está completo. Por un lado, alienta a un cierto tipo de unicidad, -que por lo demás no está muy clara cuando junta a O’higgins con Carrera- como para evitar una total polarización política –lo cual sería anacrónico- o abrir las puertas a una gobernabilidad expedita. Al respecto y en este mismo ámbito, se deberían incluir las distintas visiones de la realidad país, en un campo de tolerancia y respeto para entender al Chile múltiple. Ese país donde más del 4% (según el Censo 2002) se declara pertenecer a una etnia indígena, donde el 10% de los habitantes concentra la mayor parte de la riqueza, donde a un sector le gusta el folklore, la chingana y lo guachaca, frente a su par que adora hablar en ingles, viajar al extranjero y sumergirse en el mundo digital y que por lo demás considera “roto” al anterior, donde los que estudiaron en colegios con números no llegan tan lejos como los otros, la desigualdad entre los que se atienden en hospitales privados a los que se atienden en el sistema público, los del sur se diferencian de los del norte, los de la ciudad miran despectivamente al del campo y lo mismo hacen los capitalinos con los provincianos. Éste es el reto de la integración dentro del país, el de unir al Chile variopinto, diverso y un tanto exótico, para que la nación chilena se constituya concretamente como tal, no solo por medio del exitismo futbolístico de la roja.
Para Tejemedios
Guillermo Yeber
Estudiante de Ciencias Políticas